La Cruz, símbolo de fe.

“Dios no es un activista, está colgado de la cruz de su amor.” Moltmann

La cruz cristiana es el símbolo religioso más popular en la cristiandad. Su forma varía entre diferentes comunidades cristianas. En la Iglesia católica es una línea vertical atravesada en su parte superior por una línea horizontal (cruz latina).En la Iglesia ortodoxa predomina la cruz de ocho brazos y en el mundo evangélico de América latina, que se considera sin iconos, existe cierto temor de retomar este magnífico signo de fe por miedo de caer en la idolatría. Pero si somos sinceros y claros los mensajes más bellos y convincentes que hemos escuchado son aquellos que hablan de La Cruz y sus poderosos efectos en la vida del ser humano. Miles de logos eclesiásticos y ministeriales llevan insertado el dibujo de La Cruz.
Así que nadie diga que no tenemos signos que identifican al cristiano evangélico. Lo que si debe preocupar a nuestros hermanos cómo es posible que otros símbolos, que no son cristianos hayan plagado la iglesia cristiana. Imágenes del mundo que nada tienen que ver con la fe.
Examinemos el "Gran Sello" en los billetes de un dólar de Estados Unidos y que circula como moneda oficial en El Salvador. El hexágono se infiere de la ordenación de sus elementos. Hay varios elementos masónicos: la pirámide de trece niveles, el Ojo Que Todo Lo Ve, la iconografía neoclásica. La inscripción latina "annuit coeptis novus ordo seclorum" significa "anunciando la llegada del nuevo orden mundial (secular). Bueno será su deber estimado lector/lectora profundizar por qué una nación que se cree con fundamentos cristianos posee en toda su cultura simbolos masones. La masonería, ideología religiosa que considera al Dios de la Biblia uno entre los muchos dioses de este mundo.
¿Estará libre la iglesia de signos de este “nuevo orden mundial”? o ¿será que nos hemos conformado a este mundo? Pablo da una orden a los creyentes de Roma “Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto” (Romanos 12:2)
La desigualdad de poderes en la comunidad cristiana, la hegemonía de los hombres sobre las mujeres, la distinción y preferencia por las clases mejor establecidas económicamente, la preferencia de ser Líder a ser discípulo, el dominio de “la voz infalible de la pastoral” sobre el clamor más sentido de la mayoría de iglesia, la idea de mejorar la imagen de la denominación relegando a un último plano el bienestar real de los cristianos, la invisibilización de las mujeres, niños y sobre todo a los jóvenes en la historia de los aportes de las denominaciones, repetición del sistema feudal y patriarcal en el modelo de conducir a la iglesia, etc., son signos de este mundo que se han arraigado en la iglesia de Cristo. Signos seculares que testifican que realmente la iglesia y los lideres tenemos una deuda en el proyecto del Jesús de Nazaret.
El mundo sutilmente se ha introducido al culto evangélico llevándonos a la adoración con fuegos y sacrificios extraños hacia un dios también extraño. Este extraño dios es de género hombre, es líder, es guerrero, es amante del dinero y cancelador de deudas económicas, impasivo, no siente nada ante el sufrimiento, hace pacto por medio de los bienes económicos, desprecia en sí mismo a la pobreza y a los pobres, se ufana de ser duro “no muda”.
Sin embargo la iglesia puede y debe volver al rumbo que trazo Jesús, las gotas de sangre, las huellas del calvario nos pueden llevar de nuevo al camino correcto. El evangelio comunica señales, simbolos del Reino de Dios, inclusión, perdón, igualdad de hombres y mujeres, el poder del servir, la exaltación de la humillación, discipulado , mayordomía, la encarnación de la diaconía, la bienaventuranza de los más débiles, etc.
Retomando las primeras palabras de este articulo, debemos volver a La Cruz. Imagen que brilla anunciando conciencia y dolor, fe y amor por un mundo abandonado en su maldad, pero a la vez recordado por Dios.
En La Cruz esta Cristo abandonado, como abandonado esta todo hombre y mujer. Maldecido por una maldición que no le corresponde. ¿Pero porqué? Por que “Dios no sólo participa en nuestro dolor, sino que convierte nuestro dolor en su propio dolor, e introduce nuestra muerte en su misma vida. Por eso Pablo ha tomado la misma palabra que significa abandonar (paradidonai) y la ha convertido en expresión del Amor: "Dios no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó (con el verbo paradidonai) por todos nosotros". (Rm 8, 32). Moltmann.”
La Cruz será nuestro símbolo de fe, no un icono mas, no un logo, deberá ser expresión de abandono y sacrificio, pasión por el perdido. Si cuelga del cuello del opresor y dictador, esta cruz lo condena inmediatamente. Es pues La Cruz signo de unión al proyecto que libera del sistema mundano y nos anuncia una nueva tierra y cielo nuevo donde mora sobre todo La Justicia. Amén.

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